La tarde llegó con una claridad brutal que parecía burlarse de la oscuridad de lo que estábamos planeando. A las dos y media, Sebastian estaba sentado en su oficina frente a tres cámaras que Carolina había posicionado cuidadosamente, luciendo exactamente como un hombre destruido por el peso de las circunstancias.
Carolina había trabajado su magia, su maquillaje hacía que Sebastian pareciera no haber dormido en días, sombras oscuras bajo sus ojos, su cabello ligeramente despeinado, su corbata afl