—Conocí a alguien —dijo Kate.
Lo dijo con la directitud de siempre. Sin preámbulo largo. Sin el rodeo que hubiera necesitado alguien que no era Kate.
Valentina escuchó eso.
Lo procesó durante dos segundos.
—¿Cuánto tiempo? —dijo.
—Seis meses.
—¿Arquitecto?
—¿Cómo sabes?
—No sé. Lo pregunté.
Kate hizo una pausa breve.
—Arquitecto. Cuarenta y dos años. Se llama Daniel. —Una pausa más larga—. Es buena persona. Es genuinamente buena persona de las que uno no siempre sabe exactamente cómo calibrar p