El vuelo a Santiago fue el miércoles por la mañana.
Valentina y Sebastián llegaron a las dos de la tarde.
El mismo hotel de enero. La misma habitación con vista a los edificios del centro. El mismo aire más seco que el de Ciudad de México que Valentina había notado la primera vez y que ahora reconocía como el aire de los lugares que ya habían ocurrido algo importante.
Fuentes los esperaba en el lobby.
No con urgencia. Con la calma del hombre que había preparado lo que tenía que preparar y que a