La suite principal de la mansión Duarte era más grande que el apartamento donde
había vivido los últimos diez años.
Caminé por el espacio con el vestido de novia todavía puesto, incapaz de procesar la
magnitud de lo que me rodeaba. Una cama tamaño emperador con dosel de
terciopelo azul oscuro, ventanales que daban a los jardines iluminados por la luna,
una chimenea de mármol que ya crepitaba con un fuego que nadie había encendido
en mi presencia, y un vestidor que se extendía hacia un segundo c