Sofía se fue el primero de marzo.
El aeropuerto a las seis de la mañana tenía el tipo de luz que solo existe a esa hora: artificial y fría, sin la calidez que la luz natural de la ciudad adquiere cuando hay tiempo para llegar.
Carolina la acompañó.
No la fue a dejar al taxi. Fue al aeropuerto, hasta la zona de facturación, hasta el punto donde las personas que se quedan ya no pueden seguir.
No lloraron.
Las dos lo sabían antes de llegar al aeropuerto: no porque no fuera difícil sino porque el l