La madrugada nos encontró divididos en tres frentes de batalla. Sebastián y Carolina trabajaban en su oficina preparando los documentos de renuncia falsos que necesitaban parecer completamente legítimos, Solano coordinaba con su equipo de extracción en Paraguay, y yo estaba en la sala de seguridad revisando cada segundo de las grabaciones de mi padre, buscando la pieza final que necesitábamos.
Tenía cuarenta y tres horas restantes y los ojos me ardían de no dormir, pero no podía parar. En algún