Sebastián convocó una reunión de emergencia en la sala de seguridad de la mansión, una habitación que no sabía que existía hasta esa noche, escondida detrás de una estantería en su oficina privada. Dentro había pantallas de vigilancia, equipos de comunicación encriptada y un arsenal de tecnología que parecía sacado de una película de espías.
Carolina ya estaba trabajando cuando llegamos, sus dedos volando sobre tres teclados simultáneamente.
—Rastreé la llamada de doña Carmen —reportó sin levan