El sobre de Marina permaneció en el cajón durante tres días. Tres días de normalidad extraña y frágil donde Sebastian y yo aprendimos a ser simplemente nosotros, sin audiencias ni enemigos inmediatos acechando en las sombras. Desayunábamos juntos, trabajábamos lado a lado en la oficina, dormíamos entrelazados como si temiéramos que soltarnos significara despertar y descubrir que todo había sido un sueño.
Pero el sobre seguía ahí, un recordatorio constante de que las guerras nunca terminan realme