El ambiente en el penthouse era de una calma tensa. Sofía permanecía sentada en el gran sofá de la sala, con una manta cubriéndole las piernas y las manos entrelazadas sobre su vientre. No había probado bocado ni un solo sorbo de agua desde que llegó aquel misterioso mensaje de texto. La advertencia anónima seguía quemándole la mente: Joel ya sabe que se quedó sin nada y está desesperado.
El sonido de la puerta principal abriéndose de golpe la hizo sobresaltarse. Gerard entró al lugar com