En el penthouse, el plan de Gerard comenzó a ejecutarse con una precisión matemática. Sabía que la furia descontrolada no le devolvería la ventaja; lo que necesitaba era que Joel se confiara lo suficiente como para dar el paso en falso que lo llevaría directo a la cárcel.
Gerard se sentó junto a Sofía en la cama, tomándole las manos con suavidad pero con una firmeza que a ella le devolvió el alma al cuerpo.
—Vamos a jugar con sus propias reglas, Sofía —explicó Gerard, mirándola fijamen