El ambiente de fiesta, lleno de risas, copas en alto y el llanto bajito de la bebé Lana Carlota, se destruyó en un segundo. La tranquilidad de la sala se convirtió en un infierno. Nadie en el lugar, ni la familia de Leo Peterson ni los padres de Isabella, se imaginaron que un hombre armado entraría al ático.
Ektor Thomásis había escapado de la cárcel. La noticia de su fuga todavía no salía en las noticias, pero él ya estaba ahí. Tenía un odio ciego dentro de él. Pasó meses encerrado y culpaba a