Llegó la primavera y, con ella, el valle floreció con una fuerza desbordante. Los pastos verdosos cubrieron las colinas que meses atrás estuvieron sepultadas por la nieve, y el aire fresco del campo trajo consigo el aroma del jazmín y los robles en flor. La luz del sol matutino entraba de lleno por las grandes ventanas de la casona, iluminando cada rincón de madera y piedra con un resplandor cálido.
En el gran jardín trasero, la vida transcurría con una serenidad absoluta. Anton corría detrás d