La nevada de esa noche no fue como las anteriores. Hacia la medianoche, el viento comenzó a rugir contra las vigas de madera de la casona con un silbido helado. Las ramas gruesas de los robles chocaban contra las paredes de piedra y la temperatura afuera cayó en picada, convirtiendo la tormenta en una helada feroz que congeló los caminos en cuestión de minutos.
Dentro del dormitorio principal, la chimenea apenas lograba mantener el ambiente tibio. Isabella despertó con una punzada sorda en la p