Tres días después del nacimiento de Arturo, el sol invernal iluminó con fuerza el valle, derritiendo los últimos rastros de hielo sobre las ramas de los robles y despejando por completo el camino de acceso a la casona. La clínica del pueblo había dado el alta médica a Isabella tras comprobar que sus niveles de sangre se habían estabilizado y que el pequeño Arturo ganaba peso con una firmeza admirable.
El regreso a la finca estuvo marcado por un silencio pacífico. En el asiento trasero de la c