—No puedes castigarte de esta manera, Leo —le dijo Isabella con suavidad, intentando calmar la tormenta que veía en sus ojos—. Si no sabías que tu padre estaba enfermo, no puedes culparte por haberte airado con él. No eres adivino.
Aunque ella intentaba con todas sus fuerzas que Leo lo comprendiera, sabía que el sentimiento de culpa no se marcharía fácilmente. El ser humano es así por naturaleza; la culpabilidad suele ser más pesada por las cosas que creemos haber hecho mal que por las que ocur