—Buenas noches —saludó Leo con una sobriedad que ocultaba el caos de sus nervios.
Cuando Lydia Rich le abrió la puerta, Leo la reconoció de inmediato. El informe del detective privado había sido meticuloso, detallando desde su historial como maestra de letras hasta sus preferencias sociales en Grecia. Por la expresión de absoluta sorpresa que cruzó el rostro de la mujer, ella también sabía exactamente quién era él. En aquel rincón del mundo, el apellido Peterson no era solo un nombre; era un tí