Capítulo 35

Isabella cerró el grifo y se quedó un momento en silencio, dejando que el vapor del baño le entibiara la piel, aunque por dentro sentía un frío que ningún agua caliente podría calmar. Se envolvió en su toalla y, al salir a la habitación, el corazón le dio un vuelco. Su madre no se había ido.

Lydia estaba sentada en el borde de la cama, meciéndose apenas, sosteniendo entre sus manos a "Copito", un conejo de peluche viejo y desgastado que Isabella había amado de niña. Lo acariciaba con una ternur
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