Silvina se giró y al alzar la vista, vio a Ruperto.
Ese día, Ruperto vestía un traje casual que acentuaba su aire elegante, atrayendo la mirada de muchas mujeres. Sus ojos, llenos de ternura, seguramente habían hechizado a más de una.
—Ah, qué coincidencia —dijo Silvina tras pensarlo un momento, recordando su nombre—. Ru...
—Ruperto —respondió él con una sonrisa resignada—. Esta es la cuarta vez que nos encontramos. ¿Puedo saber tu nombre esta vez?
Silvina sonrió algo avergonzada:
—Perdón, me l