La señora Torres suspiró y dijo:
—Silvina, mamá entendía lo que querías decir. Agradecía de corazón tu buena intención, pero si me iba contigo a la ciudad, ¿qué iba a pasar con tu padre y tu abuela? Durante tantos años había sido yo quien los cuidaba. Si me iba, ¿quién les iba a cocinar o lavar la ropa?
—Mamá... ¡podíamos llevarnos a papá con nosotras! Y la abuela todavía tenía al tío y a la tía para que la cuidaran, ¿no? ¿No era la tía quien siempre decía que quería demostrar su respeto filial