Leonel jamás imaginó que una mujer pudiera tener tantas lágrimas. ¿Cómo podía llorar tanto sin agotarse?
Silvina tampoco supo cuánto tiempo había estado llorando. Solo sabía que ya no sentía las piernas de lo entumecidas que estaban.
Lo más increíble de todo fue que Leonel había permanecido a su lado en silencio, dejándola empapar su elegante camisa blanca sin emitir una sola queja.
Silvina sentía la garganta seca y áspera. Aunque no había emitido ningún sonido durante todo el llanto, el flujo