—Hoy te presté mi pecho para consolarte, ahora te toca a ti prestarme un abrazo —susurró Leonel con voz suave—. No voy a tocarte, no te preocupes. Solo... me siento un poco solo esta noche, y quería abrazar a alguien que también se siente así.
Silvina notó el cansancio en su tono. Seguramente había pasado un mal rato frente al señor Benicio, ¿no?
Durante el día, ya había estado junto a ella en la empresa todo el tiempo, de pie, aguantando tensiones, y luego la acompañó de regreso sin descansar,