Silvina comprendió de inmediato lo que su madre quería decir.
—Mamá… ¿me has extrañado todo este tiempo? —preguntó con ternura.
—¿Extrañarte? Claro que sí, ¿cómo no iba a hacerlo? —respondió la señora Martínez con los ojos llenos de lágrimas—. Te he echado de menos más de veinte años. Eras mi hija, la que salió de mi vientre… ¿cómo podría no pensar en ti? Más de una vez imaginé qué habría pasado si hubiera hecho caso a los médicos del laboratorio y hubiera interrumpido uno de los embarazos.
Se