Silvina siguió dócilmente al investigador hasta una enorme sala y se recostó sobre una cama blanca.
Apenas lo hizo, vio cómo un gigantesco domo de cristal transparente descendía desde el techo y, con un suave zumbido, la cubría por completo.
Ese tipo de examen… jamás lo había visto en su vida.
En el instante en que el domo la envolvió, los datos de todos sus indicadores corporales comenzaron a aparecer en las pantallas con una velocidad impresionante.
Una aguja fina pinchó su dedo desinfectado,