—Tomás, investiga las propiedades de la Familia Martínez. —La voz de Leonel sonó sin un solo rastro de emoción—. Nadie tiene derecho a tocar a mi mujer. Ni siquiera sus propios padres.
—Sí, señor. —Tomás obedeció de inmediato y comenzó a ejecutar la orden.
Cuando Leonel subió al coche, todos los informes sobre los bienes y empresas de la Familia Martínez aparecieron en la pantalla frente a él, detallados línea por línea.
Leonel los observó con frialdad. Su voz, helada y cortante, llenó el espac