—La Familia Martínez no era un lugar al que se pudiera regresar con facilidad —dijo Silvina en voz baja—. Por muchas coincidencias que existan, eso no demuestra nada.
—Tienes razón —asintió el Señor Martínez, abatido—. La Familia Martínez no es fácil de volver a pisar. En realidad, ni siquiera deseo que regreses… porque eres mi única hija, y solo quiero que vivas una vida tranquila y feliz, lejos de todo esto.
En ese momento, la Señora Martínez, que había estado llorando en silencio, ya no pudo