En la antigua residencia de la familia Muñoz,
la Abuela Muñoz observaba cómo el mayordomo dirigía a los sirvientes que terminaban de preparar las habitaciones.
Con una voz serena pero firme, comentó a su asistente:
—Si Hilda cruza nuevamente la puerta de la familia Muñoz,
no esperes que se comporte como una dama sumisa.
Cuando sea necesario, habrá que darle una lección.
—Sí, Abuela Muñoz —respondió la asistente con respeto.
Tras una breve pausa, preguntó con cautela:
—¿Y qué haremos cuando la S