La leche no tardó en ser servida frente a Silvina, quien la bebió obedientemente.
Entre tantas variedades, solo lograba tolerar la leche exclusiva de la realeza japonesa.
De todos los jugos disponibles, solo podía beber el zumo recién exprimido de frutas de Nueva Zelanda.
Y entre tantas aguas purificadas, únicamente soportaba la de manantial italiana.
Ni siquiera ella entendía cómo su paladar se había vuelto tan exigente.
Por suerte, la familia Muñoz tenía dinero, y no solo podían costearlo, si