—Aquella noche Liliana realmente estaba enferma. No fue mi intención dejarte plantada —explicó Leonel, con voz baja y conciliadora.
Él pensaba que ya había dado suficientes explicaciones, que con eso Silvina dejaría de estar molesta.
Pero Silvina lo veía de otra manera: sentía que su lógica era completamente distinta a la de él.
Ella no estaba "enojada".
Uno se enoja solo cuando le importa.
Y ella había trabajado duro para convencerse de que no le importaba.
Que no valía la pena enfadarse.
Ahor