Los gerentes intermedios presentes intercambiaron miradas discretas, pero nadie dijo una sola palabra.
A ese nivel, ya sabían muy bien qué se debía decir... y qué era mejor callar.
Gracia, la jefa de ventas, se había dejado llevar por el ego. Había recibido un elogio del presidente hacía pocos días gracias a sus buenos resultados, y ya se creía intocable.
Pero la empresa se encargaría pronto de enseñarle una lección: que hay límites que no se cruzan.
Silvina subió las escaleras hasta el tercer