Dentro del coche, la mirada de Leonel se clavó en aquel vehículo.
Justo al llegar, había visto a Ruperto levantar a Silvina en brazos y subirla al auto.
Y lo que más lo descolocaba: ¡Silvina no se había resistido!
Ella… no había hecho nada para apartarlo.
Los puños de Leonel se cerraron con fuerza; sus ojos eran puro hielo.
Había esperado a que Liliana se quedara dormida, y sin siquiera beber un sorbo de agua, había salido corriendo para buscar a Silvina.
Se había preocupado toda la noche.
Él,