Silvina llevó la mano a su pecho. Sentía una presión sofocante, un ahogo imposible de apartar.
Sí, todo había sido fruto de su propia ilusión.
¿Por qué había sido tan ingenua?
¿Por qué se había arrojado de lleno a una relación sabiendo que el corazón de él no le pertenecía?
¿Por qué había esperado, contra toda razón, que algún día él pudiera llegar a quererla?
¿Por qué se engañaba pensando que sus atenciones eran por amor, cuando en realidad todo era por el hijo que llevaba en su vientre?
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