Silvina se sentó en un banco al borde de la calle y llevaba ya mucho tiempo esperando.
El teléfono, apretado en su mano, seguía sin encenderse.
Había llamado varias veces a Leonel, pero él no contestaba.
¿Acaso se había olvidado de llevar el móvil?
¿No había dicho que llegaría enseguida?
¿Por qué, después de tanto tiempo, todavía no aparecía?
La mirada de Silvina se apagó. Sentada sola bajo la farola, parecía envuelta en una tristeza infinita.
La luz proyectaba su silueta alargada y difusa en e