—Silvina, de ahora en adelante, si ellos te llaman, no contestes —continuó Alicia con firmeza—. Todo lo que tenga que ver con la familia Torres, déjamelo a mí. ¿Acaso no hemos sufrido ya demasiados años bajo su sombra? ¿Vamos a pasarnos la vida entera sin poder liberarnos?
Silvina sonrió y respondió:
—Lo sé, mamá. A mí no me importa tanto, mientras tú estés bien. ¿Qué te parece si vendo esa casa y te compro otra en otro lugar? Al fin y al cabo, el precio es más o menos el mismo.
—No hace falta