Leonel también parecía un poco sorprendido de ver a Silvina allí.
Antes de que pudiera decir algo, Rosa salió del despacho de manera desordenada y apresurada.
Silvina la miró: la ropa de Rosa ya casi no podía llamarse ropa, estaba prácticamente desnuda.
—Yo no… —Leonel, al verla salir en ese estado, sintió un repentino desasosiego y trató de explicarse ante Silvina.
Sin embargo, no alcanzó a terminar su frase cuando escuchó a Silvina responder con una voz calma e imperturbable:
—Perdón, no fue