Janet no pudo soportarlo más y dio un paso al frente para decirle a Silvina:
—Señora Leonel, ¿por qué no le cuenta la situación a la Vieja Señora Muñoz? Ella la aprecia mucho; si es ella quien lo pide, el Señor Leonel no permitirá que otra mujer viva aquí.
Silvina negó suavemente con la cabeza:
—Gracias, Janet. Gracias por defenderme antes. Pero no es necesario. Leonel es el dueño de esta casa; él tiene el derecho de decidir quién se queda y quién se va.
Ella ya pensaba marcharse.
Aunque Rosa h