Rosa se quedó acostada en la cama, esperando y esperando, hasta que pasaron de las once de la noche… y Leonel seguía sin aparecer.
Según lo que había escuchado de los sirvientes, la cena había terminado bastante temprano, ¿no?
Incluso si Leonel estaba hablando de negocios con Ruperto, a esa hora ya debería haber concluido.
¿Acaso la tarjeta que le dio Silvina era la equivocada?
¿Silvina… la había engañado?
No, imposible. En esa habitación había dos pijamas, uno de hombre y otro de mujer: claram