Mundo ficciónIniciar sesiónPOV de Ryan
Ya han pasado cinco minutos. La impuntualidad es una de las cosas que más detesto. Me saca de mis putos cabales.
Si me quedo aquí otros cinco minutos y ella no llega, me voy. El tiempo que estoy perdiendo aquí sería suficiente para adelantar muchísimo trabajo en la oficina.
Echando una última mirada hacia la puerta del restaurante donde he estado esperando durante casi diez minutos, suelto un pesado suspiro, pensando en la enorme cantidad de cambios que se avecinan en mi vida en los próximos meses.
Al principio me lo tomé a mal.
Enterarme del compromiso y del hecho de que tengo que casarme pronto para poder heredar la empresa de construcción de mi abuelo.
Ese viejo sabía que yo jamás me casaría y lo hizo a propósito.
Mi padre no me había dicho nada en todo este tiempo, y por eso estoy tan enfurecido. Nadie me obligó a venir aquí.
Simplemente pensé que sería una buena idea venir a ver con quién me voy a casar en los próximos meses.
A pesar de que no me agrada la idea de estar comprometido cuando soy lo suficientemente hombre como para buscar a una mujer por mi cuenta, la necesito.
Ella es la elección de mi abuelo. A mi madre obviamente le agrada, a juzgar por la forma en que se deshacía en elogios hablando de lo buena chica que es.
Casarse con ella no debería ser la gran cosa entonces. Estaremos casados. No necesitamos estar enamorados el uno del otro.
Mis padres no pensaron en eso antes de comprometernos, así que casarse sin amor no debería ser un problema.
Cuanto más tiempo paso aquí sentado, solo en este lugar vacío, más me molesto y menos interés tengo en seguir adelante con esta m****a.
Si esto es solo una trampa para obligarme a casar, que así sea. ¿Acaso no puedo encontrar a alguien yo mismo?
No quiero a una niñata consentida que no sea capaz de controlar el tiempo cada vez que tengamos que salir o asistir a un evento.
Es evidente que esta chica con la que me han comprometido es una consentida e impuntual. Ya odio esa actitud.
¿Qué sentido tiene este compromiso cuando simplemente me pudieron haber dicho cuándo casarme para heredar la empresa?
Solo necesito elegir a una chica cualquiera de las tantas que tengo a mi disposición para casarme.
Honestamente, ¡esto es una soberana m****a! ... Con un arrebato de ira, me levanto abruptamente y tomo mi teléfono, girándome para irme justo cuando el guardia abre la puerta transparente y una mujer entra.
"Ridícula" no alcanza a describir cómo se ve. Definitivamente esta no es la persona que esperaba.
Mi madre la describió como una mujer hermosa y sofisticada, razón por la cual saqué la conclusión de que era una consentida.
¿Eso es un puto chándal? Frunzo el ceño confundido mientras sigo mirándola fijamente a medida que se acerca a mí.
¿Quién coño se pone un chándal a juego para una cita con el hombre con el que se va a casar pronto? Todo en ella es absurdo.
Ni siquiera es bonita, probablemente porque lleva los accesorios equivocados y un mal maquillaje.
¿Me voy a casar con un payaso? ¿Qué demonios es esto? Si yo no fuera ya de por sí de mal genio, esto sería suficiente para hacerme perder los estribos.
—Hola —me saluda con la mano tímidamente cuando está cerca, sacándome de mis pensamientos y aumentando mi enojo.
Tal vez debido a la rabia, no logro articular palabra. La expresión de mi rostro lo decía todo.
Ella lo pasa por alto, y en ese momento me doy cuenta de que esto está planeado. La cara que tengo no es algo que alguien como ella debería ignorar.
Se supone que vino aquí para impresionarme, no para lo contrario, y eso no es lo que está haciendo.
Aparentemente, no soy el único molesto con este compromiso. Ella también lo está, y la única manera en que puede fastidiar a sus padres y a mí es transformándose en un payaso al vestirse de esta forma en nuestra primera cita.
Cuando finalmente recupero la voz tras parpadear varias veces y mirarla bien para asegurarme de que es la persona a la que vine a ver, gruño con fuerza.
—¿Qué demonios es esto? —La tímida sonrisa de su rostro desaparece y se convierte en un ceño fruncido.
Ya no se ve tímida, sino segura de lo que hace y de lo que lleva puesto.
—¿De qué estás hablando? —me pregunta de vuelta con inocencia, pero su mirada dice todo lo contrario.
No es inocente. Sabe perfectamente de qué estoy hablando.
En lugar de ladrarle y descargar mi rabia contenida, me dejo caer en el asiento, haciendo un esfuerzo por controlar mis nervios y mantener la compostura.
La necesito.
A mi madre le agrada.
Mi padre jamás iría en contra del deseo de mi abuelo, a pesar de que el viejo lleva mucho tiempo muerto y enterrado.
Todos quieren que me case. No hay absolutamente nada que pueda decirles para cambiar esto.
Este compromiso es realmente importante para ellos. Para mi abuelo. Si no lo fuera, mi padre jamás lo habría mencionado ahora.
Habría sugerido que yo mismo encontrara a una chica. ¿Qué sacaré con enojarme con esta niñata tonta e ir corriendo a quejarme con mi padre? Nada.
Esto simplemente no va a funcionar, vuelvo a sacudir la cabeza. No puedo controlar mi ira. Siento ganas de gritar a pleno pulmón.
Primero, por llegar tarde y no hacer que la espera valiera la pena, sino presentarse con un vestido tan estúpido.
¿Acaso no tiene vergüenza? Antes de que pueda encontrar una respuesta a esa pregunta, ella se deja caer en el asiento frente a mí con otra sonrisa en el rostro. Es falsa.
—Hola, soy Valerie Adams —dice extendiendo su mano derecha para saludarme después de dejar su diminuto bolso sobre la mesa que nos separa.
No aparto la mirada de su rostro. Se ve ridícula, y estoy seguro de que me habría reído a carcajadas si esto lo hubiera hecho mi hermana o cualquier otra persona que no fuera la chica con la que acabo de enterarme que me voy a casar.
Lo está haciendo a propósito, y saber eso me resulta exasperante.
Sin aceptar su mano, me echo hacia atrás con los brazos cruzados, y ella baja la mano con una expresión de decepción en el rostro. También es falsa.







