CAPÍTULO 6

  POV de Ryan 

La puerta está cerrada.

Mi mano sigue sobre el pomo.

Vuelvo a girarlo, pero no se mueve.

Está cerrada por dentro. Sin encontrar una sola razón por la que la mujer con la que me casé hace apenas unas horas me haya dejado fuera de mi propio dormitorio, levanto la mano y llamo a la puerta.

Los golpes son lo bastante fuertes como para despertar a un muerto.

No puede decirme que cerró la puerta y luego se quedó dormida.

Solo estuve treinta minutos afuera, intentando asimilar todo lo que acaba de pasar y pensando en qué haré cuando toda esta maldita farsa termine.

Todavía intento superar la forma en que me humilló durante la ceremonia en la iglesia.

Se supone que debemos fingir que somos una pareja de verdad y que estamos empezando a enamorarnos, ¿no fue eso lo que ella dijo?

Me sentí avergonzado.

¿Y si alguien lo hubiera visto?

Por suerte, nadie pareció notar nada entre nosotros.

Ni siquiera la tensión y el desprecio que sentimos el uno por el otro.

No hay respuesta.

—Valerie, abre la puerta —la llamo en voz alta mientras sigo golpeando.

¿De verdad no va a responderme?

¿Está loca la mujer a la que ahora llamo esposa?

¿Cómo puede hacer esto en nuestra noche de bodas?

Ya sabía exactamente qué clase de personalidad tenía desde la primera vez que la conocí.

Es capaz de hacer lo que quiera y deshacerlo después.

Ni siquiera se siente intimidada por mí.

—¿Val? —la llamo sin darme cuenta.

Así la llamaban sus padres durante la recepción de la boda. Hay que admitir que sabe actuar muy bien.

No dejaba de sonreír y aferrarse a mí mientras nos tomaban fotografías. Me irritaba muchísimo, tal vez porque no me gustaba lo mucho que me tocaba cuando ni siquiera somos una pareja de verdad... o porque rechazó besarme.

A mí.

Hay chicas que morirían por recibir un solo beso mío.

¿Quién demonios se cree que es?

Con una mezcla de rabia y frustración, golpeo la puerta con fuerza, y esta se abre al instante.

Mi mirada se posa sobre una toalla blanca y una mano secándose el cabello.

¿Había estado todo este tiempo en el baño?

Sin decir una palabra, intento entrar, pero su rostro aparece de repente frente a mí y me detiene, bloqueándome el paso con los brazos extendidos.

—¿Por qué golpeabas la puerta de esa manera? —pregunta con el ceño profundamente fruncido, como si esta casa le perteneciera.

Lleva otra toalla envuelta alrededor del pecho, dejando al descubierto su piel suave y las curvas de su figura.

—Con permiso —digo.

Ella pone los ojos en blanco, pero no se aparta para dejarme pasar.

Este es el ático.

Mi madre insistió en que pasáramos aquí nuestra noche de bodas y estoy seguro de que todos creen que vamos a consumar el matrimonio.

No puedo mirarla durante demasiado tiempo porque la primera impresión que tuve de esa mujer tan desagradable sigue grabada en mi mente.

—Oye, sal de aquí —dice con tono autoritario.

Alzo una ceja, convencido de que escuché mal.

—¿Qué?

—He dicho que salgas. Primero, necesito privacidad porque acabo de salir del baño. Segundo, esta es mi habitación, ¿no? No somos una pareja de verdad, ¿o sí? No deberíamos pasar la noche juntos. Tampoco podemos compartir la misma cama.

Habla un poco agitada, pero sé perfectamente que no debo caer en su juego.

Es una experta en fingir.

Aprieto los dientes, molesto y desesperado por quitarme este esmoquin para entrar al baño y darme una ducha fría que alivie el estrés de todo el día.

—¡Quítate de mi camino! —termino gritándole.

Esto no era lo que había planeado.

Por eso no quería casarme.

Las mujeres pueden ser un verdadero dolor de cabeza y no pienso dejar que me dé órdenes solo porque ahora me necesite menos de lo que yo la necesito a ella.

Aquí las reglas las pongo yo.

—No, esposo. Ve a la otra habitación o busca un sofá cómodo donde dormir —dice mientras intenta empujarme hacia la salida.

Le sujeto la muñeca y la aparto para entrar.

—¡¿Qué demonios?! —grita antes de lanzarse sobre mí por detrás.

Siento sus pechos contra mi espalda mientras intenta empujarme otra vez hacia la puerta.

La dejo intentarlo cuanto quiera.

Sacarme de aquí es simplemente imposible para ella.

A los pocos minutos ya respira con dificultad, como alguien que acaba de correr una maratón.

Finalmente me suelta.

Cuando me giro para mirarla, el borde de la toalla comienza a deslizarse hacia abajo y ella se agacha de inmediato, con los ojos muy abiertos, evitando que vea su desnudez.

—¡Aléjate de aquí, pervertido! —exclama.

Podría hacerla sentir aún más incómoda si siguiera mirándola, ya que no puede levantarse para buscar ropa sin dejar parte de su cuerpo al descubierto.

Pero yo soy mejor que eso.

Quiero ser mejor que eso.

No voy a comportarme de forma tan infantil como ella.

Le doy la espalda y camino hasta el armario para coger una toalla antes de entrar al baño.

No hay ninguna donde suelo dejarla.

Entonces recuerdo que ella tiene dos: una alrededor del cuerpo y otra sobre la cabeza.

¡Mierda!

—¡Idiota! —la oigo murmurar para sí misma, todavía agachada.

Me quito la chaqueta y luego los pantalones, quedándome únicamente en shorts.

No tengo ningún problema en cambiarme delante de ella.

Es ella quien está exagerando por mostrar su cuerpo cuando, legalmente, es mi esposa.

Además, nunca le he dado a entender que me parezca atractiva.

Entonces, ¿por qué pensaría que verla desnuda tendría algún efecto en mí?

No soy ese tipo de hombre.

Tengo un tipo de mujer muy definido y Valerie definitivamente no encaja en él.

La forma ridícula en la que iba vestida y el maquillaje tan absurdo que llevaba el día que la conocí me dejaron una pésima impresión.

Y dudo mucho que alguna vez pueda olvidar aquella imagen.

Cuando me giro para pedirle una de las toallas, ella me fulmina con una mirada helada.

Sigue en el suelo, agachada en una postura incómoda, abrazándose el cuerpo con ambos brazos.

Mentalmente tomo nota de ir a buscar otra toalla a la casa principal.

Jamás imaginé que pasaría aquí mi noche de bodas, así que no había preparado nada para quedarme a dormir.

Simplemente sucedió.

Nuestras dos familias están decididas a hacer que este matrimonio funcione, sin tener idea de que Valerie y yo tenemos otros planes.

Yo solo vengo al ático para escapar del bullicio de la mansión principal.

Hay dos habitaciones, pero la segunda fue convertida en una oficina en casa, así que solo queda un dormitorio.

Camino con paso firme hacia la puerta del baño sin dedicarle otra mirada.

Le guste o no a Valerie...

Esta noche voy a dormir aquí.

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