El motor del vehículo rugía como una bestia contenida, devorando kilómetros con una urgencia que parecía insuficiente para el latido desesperado de Axel.
Tres horas.
Tres horas desde que obtuvo la confirmación.
Tres horas desde que el mundo dejó de ser abstracto y se convirtió en un punto exacto en el mapa.
Un lugar.
Una dirección.
Un infierno.
Axel Fort no parpadeó ni una sola vez durante el trayecto. Sus ojos, fijos en la carretera, no veían realmente el camino… veían a Catalina.
Veía