El viento soplaba suave aquella tarde, como si incluso la naturaleza hubiera decidido ser testigo de algo que no era simplemente una boda… sino una promesa elegida.
Catalina permanecía frente al espejo, inmóvil, con los dedos temblando ligeramente mientras sostenía el velo entre sus manos.
No era nervios.
No exactamente.
Era algo mucho más profundo.
—Esta vez… —susurró para sí misma— es real.
Sus ojos se humedecieron apenas, recordando aquel primer día. Aquella primera boda fría,