Catalina tomo la decisión de subir a la habitación, necesitaba darse un baño pensando que de esa manera, podría dominar sus emociones, abrió la canilla y dejó que el agua tibia resbalara por sus manos. Su piel aún sentía el leve ardor del sol del jardín, pero lo que más la perturbaba era el beso de Axel. Ese beso abrupto, arrogante, casi exigido… pero que, para desgracia de ella, todavía podía recordar con una claridad que la irritaba y la confundía.
Había pasado casi una hora desde que él se encerró en su despacho y ella decidió aislarse en la habitación. Un baño era lo único que podía calmarla. Necesitaba respirar, ordenar su mente, borrar la sensación de los labios de Axel presionando los suyos… y sobre todo borrar la idea absurda de que una parte de ella había sentido algo.
—Tonta —murmuró, entrando a la ducha.
El agua cayó sobre su cuerpo como una lluvia cálida que la obligó a cerrar los ojos. Se quedó quieta largo rato, intentando liberar la tensión, el enojo, el desconciert