La mañana transcurría tranquila en la Mansión Fort… o al menos eso aparentaba. Catalina había pasado más tiempo de lo habitual encerrada en su habitación, intentando ignorar la presencia abrumadora de Axel por toda la casa. Cada vez que pensaba en él, su estómago se tensaba como si la estuvieran obligando a caminar sobre vidrio. Y lo peor era recordar la fragancia femenina en su piel la noche anterior. Ese detalle… ese pequeño detalle la había irritado más de lo que estaba dispuesta a admitir.