3 Días después.
La noche había caído sobre Madrid con una lentitud casi solemne.
Las luces de la ciudad se extendían como un mar dorado bajo la ventana del departamento de Catalina, brillando con una belleza distante, ajena a todo lo que ella llevaba por dentro. Estaba de pie, descalza, con los brazos cruzados sobre el pecho, observando el tráfico que se deslizaba por las avenidas como un río interminable de luces blancas y rojas.
Madrid siempre había sido su refugio.
Su ruido, su caos, su vida