El silencio en la habitación era sofocante.
Catalina no sabía cuánto tiempo había pasado desde que despertó. Podían ser minutos… horas… incluso más. En aquel lugar sin ventanas, sin relojes, sin voces humanas, el tiempo había dejado de existir.
Lo único real…
Era su respiración.
Y el latido acelerado de su corazón.
—Axel… —susurró con voz temblorosa.
No hubo respuesta.
Sus manos descansaban sobre su vientre, protegiéndolo de manera instintiva, como si pudiera cubrir a su bebé del peligro