El sonido constante del monitor era lo único estable en la habitación. Un pitido suave. Rítmico. Persistente.
Como si le recordara al mundo… que seguía ahí.
Que seguía viva.
Catalina abrió los ojos lentamente.
Pesados.
Como si le costara regresar.
La luz blanca del hospital le resultó molesta al principio, obligándola a parpadear varias veces antes de poder enfocar.
Todo le dolía.
Su cuerpo entero parecía ajeno.
Frágil.
Agotado.
Y entonces recordó. El fuego. El humo. El dolor. El be