El fuego crecía.
No avanzaba.
Devoraba.
Las llamas trepaban por las paredes como bestias vivas, hambrientas, consumiéndolo todo a su paso. El techo crujía, el aire ardía, y cada respiración era como tragar cenizas.
Axel apenas podía ver.
El humo lo envolvía todo.
Denso.
Oscuro.
Asfixiante.
Pero seguía caminando.
Con su hijo entre los brazos.
Aferrado a él como si fuera lo único real en medio del infierno.
—Resiste… —murmuró con la voz rota, cubriéndolo más contra su pecho—… no te v