La casa estaba en silencio.
Un silencio distinto.
No era vacío.
No era frío.
Era… nuevo.
Como si las paredes mismas estuvieran aprendiendo a respirar de otra manera.
La luz de la tarde se filtraba suavemente por las ventanas, iluminando cada rincón con una calidez que antes no existía. Todo parecía igual… y sin embargo, todo era diferente.
Porque ahora… ya no estaban solos.
Catalina avanzó lentamente por la sala, con pasos cuidadosos, casi temerosos… como si cualquier movimiento brusco