BOLONIA
En el jet privado, rumbo a Bolonia
La cabina estaba iluminada solo por las luces suaves de emergencia. Dante permanecía de pie, los brazos cruzados, mirando por la ventanilla oscura.
El reflejo de su rostro era una máscara de furia contenida. Alonzo, sentado en uno de los sillones de cuero, revisaba un mapa digital.
Cada segundo perdido era una daga hundiéndose más en su paciencia.
—Tenemos hombres desplegados en las tres propiedades que Antonio posee en Bolonia —informó Alonzo, sin l