Aurora miró a Antonio y sintió cómo su cuerpo entero se estremecía. Las palabras se atascaban en su garganta, incapaz de decir nada mientras él la observaba con intensidad, con esos ojos oscuros que siempre habían sido su refugio y su tormento.
Su corazón latía desbocado, sus manos temblaban, pero su alma gritaba una verdad que su mente se negaba a aceptar.
Antonio, sin dudar, llevó las manos a su cuello y la atrajo hacia él. Aurora sintió la calidez de sus dedos sobre su piel, la electricidad