Vittorio se movió con cautela por los pasillos de la mansión, el ruido de la música fue su mejor aliado, sus pasos amortiguados por la gruesa alfombra. No debería estar ahí, lo sabía, pero una corazonada lo había llevado a seguir a Antonio. Y ahora, oculto entre las sombras, escuchaba cada palabra que aquel hombre le decía a Aurora.
Las promesas dulces, las palabras de amor, la pasión contenida en cada frase... todo aquello prendió fuego dentro de Vittorio.
Su mandíbula se tensó, sus manos se